


Recuerdo hace unos años, a punto de cumplir los cuarenta, ¡què trauma más grande suponía para mí, el cambio de década!, era algo así como si el mundo se acabara. Bueno, no precisamente, porque a esa edad mis ganas de vivir seguían siendo muchas, pero, eso sí, me agarraba con las uñas y los dientes para que el tiempo se detuviera y no pasara.
En esa época, una ansiedad continua me despertaba todos los días, ¡qué solo me siento! Miraba el sol entrar por la ventana y miraba mi almohada ¡tan vacía! Siempre me preguntaba lo mismo, ¿qué tendré yo para que ningún amor me dure lo suficiente?
Mira que probaba conquistarlos de todas formas, me hacía la estrecha y no les dejaba tocarme, o lo íbamos haciendo poco a poco dejando pasar los días. Otras veces el amor entraba a borbotones con una ansiedad inusitada que llenaba todos el espacio donde nos encontrábamos, pero al día siguiente, no queda más que el pellejo de un globo desinflado.
Los días … mirando desde ahora, mejor decir: los meses,… los años fueron pasando deprisa, soñaba con la siguiente fiesta, reuniones de Bears en Sevilla, en Madrid, en Barcelona, … vacaciones de verano, Navidad, Semana Santa, Carnavales, todas eran un motivo para, desde el trabajo, seguir soñando y viviendo de ilusiones, sin perder nunca la esperanza de encontrar a ese oso peludo que compartiría conmigo el resto de mi existencia…aunque sea una expresión muy manida.
Llegados los cincuentas volvió de nuevo esa inquietud de entrar en una década, en la que uno se puede considerar acabado. Al menos, eso era lo que se decía en mis ambientes. Incluso los cuarentones se consideran ya carne de desecho con ratio de ligue cero. El trauma no fue tan grande, quizás por la experiencia anterior y el número de pretendientes no disminuyó sino que fue en aumento. Eso sí tuve que ir poco a poco cambiando de ambientes y ahora me llaman Daddy.
En esta década, que se va marchando también, algunos siguen en vaga ilusión esperando a su niño peludito y guapo que les acompañe y le dé la energía suficiente para no decaer…¡ojalá ésta pudiera pasarse por osmosis, cuerpo a cuerpo! Otros hablan de encontrar al osazo de turno, pero eso sí, bien colocado, con su independencia y su piso, y la relación se establecería sin romper estas condiciones. Unos fines en mi casa, otros en la tuya y entre semana cada uno en la suya. Eso sí, si te enfermas voy a cuidarte. Ah y vacaciones juntos.
Sin embargo, los más, como yo, hemos decidido ya quedarnos solos, subir a la popa del barco y encarados, frente al viento suave o fuerte, disfrutar los momentos y las situaciones día a día, con ilusión, con alegría siempre como si fuera la última vez pero sin grandes excesos que no nos permitan seguir alegres al día siguiente.
Esta situación me ha dado muchos más momentos placenteros que cuando era mucho más joven. Ahora recuerdo aquellos años como un puro sufrimiento, en los que más que disfrutar estaba pendiente de otras cosas, de las que ahora, si las contara, nos reiríamos todos. Eso sí, como todas las medicinas tiene sus contraindicaciones: sigo echando de menos, cuando me levanto, a esa cabecita dormida junto a mí, soplando. Pero luego, nada más levantarme, se me pasa.
Besos
Tengo 33 años y me da miedo cómo me sentiré dentro de 15 años...
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